miércoles, 27 de mayo de 2015

La mayoría

GAME OF THRONES - The Gift


Spoilers hasta el 5x07 de GoT

Curiosamente, la misma noche que el sistema político español se veía sacudido por el resultado de las elecciones locales, HBO emitía, unas horas después, el episodio 5x07 de Game of Thrones, The Gift. Un capítulo que nos ha dejado una frase para la historia de la serie: "You are the few, we are the many. And when de many stop fearing the few...". Que pone fin al duelo dialéctico entre el Septón Supremo (Jonathan Pryce, una elección perfecta) y Lady Olenna, matriarca de los Tyrell (Dianna Rigg, siempre incisiva). No es ninguna novedad, todos recordamos aún el discurso sobre la escalera de Meñique y la Araña. Entran aquí en juego muchas cosas. La demagogia, que es un concepto que a mí no me gusta usar. El juego entre mayorías y minorías. Y sobre qué plano las definimos,¿ número de personas, poder, ambos?. El Estado Religioso, en tiempos del ISIS o de una Irán cuyo líder supremo es el Ayatolá. A este último respecto es muy interesante que el relato haya entrado de lleno en ello, tras haber bordeado el tema religioso desde una perspectiva mágica. Es una forma muy estimulante de hablar del poder de la religión en nuestra historia, y lo perverso que resulta intentar imponer nuestro propio código moral.

Yendo de lleno a la trama de King's Landing, a Cersei Lannister (Lena Headey, una de las actrices más imponentes del panorama actual) no la ha derrocado una mayoría oprimida, esa mayoría irreal de la que habla el Septón Supremo, la ha derrocado su propia vanidad. Creer que aún estando en una situación tan precaria como en la que se hallaba, podía controlarlo todo, gestionar las relaciones aliados/enemigos (ojo: el eterno problema de las coaliciones entre partidos) tirando de odio y venganza, no prestar atención a los verdaderos problemas (el Norte), y disgregar a sus propias fuerzas (Jamie en Dorne). Cersei ha intentado retener el poder por mera inercia, confiándolo todo a la ausencia de oposición. Y se equivocó, porque ella misma alimentó a la oposición. Algunas personas, por eso de aplicar los relatos que consumimos a nuestra vida diaria, dirán que es lo que está haciendo Rajoy con Ciudadanos. Alimentar a un mal menor para destruir a tus rivales, y que ese mal menor te devore. Es una extrapolación bastante patillera, pero algo de ello hay. A Rajoy lo que le pierde es la parálisis, y Cersei será muchas cosas, pero desde luego siempre está poniendo en marcha alguna táctica o estrategia. El vino y los juegos de poder son sus formas de vida.


Mucha gente ha ligado también el discurso del Septón Supremo frente a la matriarca de los Tyrell, a la dialéctica de la mayoría oprimida por una minoría poderosa. Y lo ha asociado a Podemos y los procesos de confluencia de la izquierda. Ayer en un debate en el que estuve, la ponente decía que nos resulta difícil vernos a nosotros mismos como oprimidos y que terminamos por ver el mundo desde la propia óptica de aquellos que nos oprimen, desde el discurso hegemónico. Mi problema con el concepto de mayoría social es que no creo que exista. Somos un conjunto de minorías, y en la posibilidad de tejer bloques entre ellas reside la capacidad de ejercer el poder. Como bien nos han demostrado las candidaturas de unidad municipales (Madrid, Barcelona, A Coruña, Santiago, Zaragoza...). Somos minorías en términos de poder y minorías también en el plano social. No existe la mayoría, a todos nos gusta creer que formamos parte de algo mayor, de ese terrible concepto de "la gente normal", pero lo cierto es que no es así. De hecho, solemos formar parte de diversas minorías a la vez. Y en cuántas más estemos incluidos más oprimidos estamos. Una mujer, negra, migrante y lesbiana, es una persona sin voz en el mundo en el que vivimos, completamente subalternizada. 

Por ello hablar de una mayoría que no es un bloque de intereses minoritarios, sino un concepto abstracto al servicio de los intereses de su líder carismático no es más que fascismo. No estamos unidos per se, tenemos que unirnos en función de lo que queremos. Un neonazi de un barrio obrero que no llega a fin de mes y yo estamos igualmente oprimidos por un sistema controlado por élites financieras. Bien. Pero no podemos formar parte de la misma mayoría. Básicamente porque es posible que él deseara que yo estuviera muerto. El Septón, como muchos líderes carismáticos y dictatoriales, tiene unas ideas prehistóricas y llama al poder atacando a las minorías a las que pretende sustituir en el ejercicio del mismo, y, sobre todo, atacando a minorías clásicas oprimidas (mujeres, gays...). El discurso del Septón no es el de un revolucionario, es el de un fascista dogmático. Es el regreso a la Inquisición. Cersei Lannister ha alimentado a este monstruo como ella se alimenta del vino. Y el monstruo ha venido a devorarla, porque oh, sorpresa, no sólo forma parte de la minoría rica y poderosa, sino que también es una mujer, con una vida amoroso/sexual repudiada por la moral impuesta, y sin aliados a la vista. Los tres capítulos que le quedan a esta temporada prometen ser dinamita. Quizás el relato no haya avanzado demasiado en los capítulos anteriores, pero ahora, definitivamente estamos en la recta final del curso, y va a ser apasionante.

jueves, 21 de mayo de 2015

La última balada de Mad Men

MAD MEN - Última temporada


Spoilers hasta el último plano de Mad Men

Mad Men es una de las series que más me han marcado en mi vida. En el próximo número de Zapping Magazine escribiré un análisis más serio (en la medida de lo posible) sobre ella, pero en mi blog quiero vomitar mis sentimientos, más que enarbolar ideas mínimamente interesantes. La serie de Matthew Weiner da para sesudos análisis. Una coña habitual que tenemos muchos fans es que Weiner parece escribir la serie pensando en las tesis doctorales y papers que se escribirán sobre ella. Buscando siempre el “guau” del estudioso, enredándonos en múltiples significados que algunas veces, y esto lo creo de verdad, no existen. En cierta forma Weiner muchas veces no es, sino que aparente ser, y eso le vale para embelesarnos. ¿Os suena? Sí, como Don Draper (Jon Hamm convertido en icono, vaya entrega total la suya), que nunca ha sido Don Draper, sino Dick Whitman, y que se pasó gran parte del relato seduciéndonos con su juego de apariencias. El whisky, el tabaco, las mujeres y los anuncios como tapaderas, como sábanas que cubren sofás mohosos y polvorientos. Don Draper primero se construyó, y después, ha terminado por deconstruírse, en un bucle sin fin. No hay salvación para Don, porque Don no es Don. Nunca podrá ser una persona que no es. Su papel, su invención, ese inventarse a sí mismo, jamás funcionará, porque está condenado al fracaso desde su concepción. Ni todo el dinero del mundo puede hacer olvidar el pasado.

Siempre hemos entendido los títulos de crédito (quizás los más relevantes narrativamente de la historia de la televisión, o de la tele que yo he visto, por lo menos) como un resumen de la caída de Don Draper, es decir, como un resumen/premonición de la serie. Pero en realidad Don nunca se estrella contra el suelo. Por eso en el final de Mad Men no podía haber un evento dramático conclusivo. Walter White tenía que morir. Tony Soprano también (aunque a ninguno de los dos los vemos morirse en pantalla, con lo cual su muerte es potencia en estado puro). Don Draper no. La condena de Don es mucho peor que la de Walter y Tony, él está condenado a caer eternamente. A construirse y demolerse, una y otra vez. A intentar ser otra persona que no es. Quizás Mad Men sea la reflexión más letal e hiriente sobre la identidad. Quizás estamos poco acostumbrados a afrontar el problema identitario, cuando en realidad la identidad (¿quién soy?) es uno de los mayores dilemas del ser humano contemporáneo.

Volver a empezar


Y así llegamos al debate sobre el final. Esa sonrisa de Don haciendo yoga rematada por el anuncio de Coca-cola. La mayoría de la gente lo ha interpretado como que se le ocurre la idea y vuelve al mundo de la publicidad. Sin embargo, algunas personas lo han interpretado desde una visión esperanzada y optimista (Don recupera el rumbo, será un enorme publicista) y otros desde una óptica pesimista (Don volverá a ese mundo de apariencias que es la publicidad). De ello podemos inferir, que efectivamente Mad Men es una serie tan rica en matices y abierta a la libre interpretación que nos sumerge en mil y un debates irresolubles. Ese desafío que supone para el espectador es uno de sus grandes logros. En cuanto a mi posición, yo soy pesimista, en mi vida en general y en este caso en particular. Don no volverá a ser Don, básicamente porque no es Don, no puedo serlo, no lo será jamás. Es Dick jugando a no ser él mismo. Weiner nos lo deja claro a lo largo de toda la temporada, sobre todo en el antepenúltimo episodio, el descomunal Lost Horizon (7x12), en el que Don intenta encontrar a su enigmática camarera, otra superviviente malherida de por vida; y en el trágico The Milk and Honey Route (7x13), en el que Don se encuentra con otro trilero de la vida como él, con otro Dick, con otro farsante, y exorciza los fantasmas de la guerra con aquellos veteranos. Por eso que vuelva al mundo del que ha huido implica volver a iniciar el ciclo de auge-caída, construcción-destrucción. Por muy alto que llegue, siempre estará condenado a precipitarse hacia el infinito. Pero a la vez, siempre habrá una esperanza, porque al momento más bajo, le sucederá el comienzo de un nuevo ascenso. La esperanza de seguir en pie cada día, para bien o para mal.

Saliendo del debate sobre la identidad de Don, ese anuncio de Coca-cola es una pulla deliciosa a las macro-corporaciones. Uno de los grandes símbolos del capitalismo y el poderío económico americano, apropiándose de las ideas hippies en su beneficio. Y Weiner se convirtió en Gramsci. El poder apropiándose de discursos contra-hegemónicos para perpetuar su hegemonía. Deliciosamente pérfido. Esto nos lleva directamente al debate histórico sobre la relevancia de Mad Men. En los últimos años, bajo mi percepción, en el pseudo-canon televisivo se está imponiendo la percepción de que The Wire y The Sopranos son las dos series más relevantes de la 3ª Edad de Oro de la televisión. A ellas se les suelen añadir Breaking Bad, The Shield o sí, Mad Men. Por ello resulta interesante comparar a las sacrosantas obras de Simon y Chase (y Weiner, ojo, que él se convirtió en autor allí, Don-Peggy, claro) con la creación de Weiner.

En una entrevista digital en El País, Enric González, antes de ser decapitado como muchos otros, dijo “en ciertos aspectos los guionistas (de Mad Men) tienen más mérito que Los Soprano o The Wire, porque se trata de una historia simple, sin venganzas mafiosas ni persecuciones policiales.” Así, mientras que The Sopranos y The Wire son series de acción, Mad Men es una serie de emoción. Y por otro lado, mientras The Wire es una serie que se maneja en el sistema social, The Sopranos y Mad Men lo hacen en el personal. Sin que ello implique que no se metan ambas a analizar sus respectivas épocas desde múltiples perspectivas. Porque lo hacen, sobre todo Mad Men, como bien hemos visto con la violencia, el racismo, la política o el machismo (esa secuencia del penúltimo episodio de Betty, su marido y el médico es, simplemente, de lo mejor que se ha escrito y dirigido este año). Esto me llevaría a decir que si trazo una línea entre las tres, The Wire y Mad Men ocuparían los extremos y The Sopranos estaría en el centro. Obviamente esta es una categorización de andar por casa. Sin ningún valor, sólo una reflexión rápida.

Aquí mando yo

Hasta ahora sólo he hablado de Don. ¿Y los demás? Los demás han tenido un cierre. Y sí, vuelvo al debate identitario. Los demás han encaminado sus vidas porque saben quién son y hacia dónde se dirigen. Hacia el futuro. Don en cambio se dirige a un futuro que es, de nuevo, el pasado. Peggy (Elisabeth Moss ha crecido ante nuestros ojos hasta transformarse en una de las mejores intérpretes de su generación) ha encontrado la estabilidad emocional y laboral que necesitaba, la realización en los dos planos que siempre parecía inalcanzable. Tanto ella como Joan (Christina Hendricks, ácida y delicada, una bomba) han completado su proceso de empoderamiento en un mundo recalcitrantemente machista. Ambas son fascinantes y sólidas como rocas. Pocos personajes femeninos han tenido una evolución tan rica desde el arranque de su relato hasta el final del mismo como Peggy y Joan. El viaje personal de Pete (Vincent Kartheiser, un actor viscoso, fantástico) también ha sido extraordinario, un viaje de redención. Pete siempre fue ese hombre que se dejaba manejar por sus diablos interiores. A veces mezquino, otras autodestructivo. Pero por fin ha descubierto qué es lo que quiere en la vida. Ha tropezado (sobre todo moralmente) tantas veces que al final ha aprendido. Los seres humanos, a veces, sólo aprendemos a base de palos. Y el proceso de Roger (John Slattery, siempre tan encantadoramente irónico) ha sido similar, pero sin tanta hondura moral y con más LSD y jovenzuelas. En cuanto a Betty (January Jones, gélida e inaccesible) y Sally (Kiernan Shipka tiene un gran futuro por delante), esa madre y esa hija siempre al borde del acuchillamiento mutuo, han encontrado la paz antes de la muerte de la primera. Es triste ver como a veces, sólo ante situaciones trágicas somos capaces de unirnos. Weiner maltrató durante varias temporadas al personaje de Betty, pero por fin nos la ha devuelto. Betty sigue siendo fría, estirada y conservadora hasta el final. Deslizándose hacia lo inevitable aferrada a sí misma. “He sido toda mi vida una luchadora, por eso sé cuando retirarme”. Su dignidad ante lo inevitable tiene una fuerza demoledora, así como la madurez que ha alcanzado Sally. Retomemos lo que dije de Peggy y Joan, qué progresión dramática la de las mujeres de Mad Men, qué maravilla. Otra vez: ¡qué jodida maravilla! El plano de Betty sentada fumando y Sally fregando los platos es precioso, triste, sencillo, sincero, enternecedor. Todo en uno.

Un plano para la historia

Para terminar, quiero pararme en la oda al teléfono que se ha marcado Weiner en ese Person to person (7x14) final. Todos los grandes momentos dramáticos del capítulo, salvo la despedida Peggy-Pete, han sido con el teléfono de por medio. Todos. Es como si Weiner convirtiera el discurso de aceptación del Oscar de JK Simmons en arte. Jódete whatsapp, viva el teléfono. Viva la posibilidad de hablar con una persona, de escuchar su voz, su risa, su tristeza. La última conversación telefónica entre Don y Peggy es ya una de mis secuencias televisivas favoritas. Algunos sostienen, quizás con razón, que el elemento telefónico le restó garra al momento cumbre del capítulo, la despedida de los dos protagonistas. Pero es más coherente en el relato que hilvanó Matthew Weiner. Don está perdido, no es más que un quejido al otro lado de un aparato, a miles de kilómetros de distancia. Don se está deshaciendo como un azucarillo que cae sobre el café. La caída, siempre la caída. Y Peggy no puede hacer nada por evitarlo. Nadie puede arreglar a Don, porque es un puzle irresoluble, ya que de partida le faltan piezas.

Voy a parar de escribir ya. Es difícil dejar de hablar de algo que me apasiona. Mad Men es, quizás, la serie que más me ha vapuleado emocionalmente en mi vida. Es muy importante para mí. Siempre lo será. Pasarán los años y la seguiré idolatrando. Se la pondré a mis hijos. Y a mis nietos. Pervivirá, porque las obras maestras son imborrables.

viernes, 15 de mayo de 2015

Los 6 estrenos de networks que veré la próxima temporada

6. The Muppets (ABC)

Una serie en formato de falso documental sobre los Teleñecos puede ser muy divertida. ¿Qué hay detrás del show? ¿Cómo son los Teleñecos en “la vida real”? Desde luego aquí hay materia prima para conseguir una sitcom graciosa y tierna. Veremos, pero ABC es la única cadena que me ha ganado en estos upfronts, como veréis a continuación. Será la telonera, en la noche de los martes, de Fresh off the boat, uno de los mejores estrenos de comedia de esta temporada que está a punto de finalizar.


5. The Real O’Neals (ABC)

Martha Plimpton ejerciendo de matriarca de una familia que se cae a pedazos en una sitcom. Oh yeah, I’m in! The Real O’Neals cuenta la vida de una familia católica irlandesa que un día airea todos sus secretos delante de su congregación (un hijo gay, un divorcio en ciernes, etc.). A partir de ahí tendrán que abrirse los unos a los otros y dejar de fingir que son unas personas que jamás han sido ni serán. Pinta bien, y si algo sabe hacer ABC, además de ser la casa de putas de Shonda, son comedias familiares. La cadena se la guarda, como sus otras 2 mejores apuestas, para Midseason.


4. The Catch (ABC)

Es muy duro que te hagan “un Anne Hathaway”. Es decir, que tu prometido sea un impostor caza fortunas, y te deje tirada y sin dinero. Esta es la premisa de The Catch, la nueva serie de Shondaland, la productora de la todopoderosa Shonda Rhimes, que tiene como protagonista, ni más ni menos, que a Mireille Enos. La serie nos contará la vida del caza fortunas y la persecución que lleva a cabo el personaje de Enos para dar con él y resolver la tortuosa situación a la que se ve abocada. La trama puede sonar ridícula, de hecho la serie puede terminar siéndolo, pero ha despertado mi curiosidad, y en este hogar a Shonda se la respeta, y sobre todo, se la teme. ABC la reserva para Midseason.


3. Life in pieces (CBS)

Me estoy quedando sin comedias de network. Se están muriendo todas las que me gustan. También me estoy quedando sin series familiares. Y Life in pieces, una serie que jamás pensaría que es de CBS, está llamada a cubrir ambos vacíos. Con un reparto muy interesante, liderado por Dianne Wiest como la matriarca del clan, la serie contará en cada capítulo varias situaciones cotidianas protagonizadas por los miembros de una familia. El tráiler hace un repaso a las historias que nos ofrecerán en el primer capítulo. Me resultó gracioso y, lo que es más importane, dulce. Tendrá la enorme suerte de emitirse detrás de The Big Bang Theory.


2. The Family (ABC)

Un documental británico de 2012 titulado The Imposter, buceaba en la historia de un chico que era hallado en España y decía ser un niño que había desaparecido en Texas 3 años antes. En aquella película se indagaba en si el chaval era quién decía ser o aquella desolada familia había metido en su hogar a un farsante. Desde esta premisa parte The Family, una serie creada por una aprendiz de Mrs. Rhimes, que añade al cóctel una trama política y muchas miserias familiares. La protagonista es Joan Allen y parece que va a estar desatada. Es muy posible que termine siendo un despropósito, pero su tráiler tiene un aire insano al que no me puedo resistir. Por desgracia, tendremos que esperar a la Midseason para comprobar si hay aquí una serie turbia e interesante o no.

1. Scream Queens (FOX)

Scream Queens promete ser la cumbre del ryanmurphysmo: extravagante, mamarracha, delirante, divertida, cínica y trash. Todos los registros que ha trabajado la Casa Murphy condensados en una serie de terror adolescente con tono de comedia. Un campus, mucha chavalada y un asesino en serie. Ryan Murphy y compañía vienen a deconstruir el género, veremos cómo les sale la jugada. Emitirse en FOX es un hándicap de cara a secuencias gore o de sexo, que sin duda alguna el formato pide a gritos (nunca mejor dicho). En el reparto, Jamie Lee Curtis lidiando con Lea Michele, Emma Roberts o Nick Jonas. Seguramente sea una decepción como lo fue Freak Show, pero oiga, qué ganas de ver este (puto) circo. Se emitirá los martes a las 21.00, detrás de las nuevas comedias protagonizadas por John Stamos y Rob Lowe (mucho miedo).


BONUS TRACK: Las series más delirantes

- Quantico (ABC): un 11-S bis, flashbacks a la academia del FBI en plan Grey's Anatomy, una macro-conspiración, una protagonista perseguida como culpable, y 500 elementos más que hacen de esta serie la candidata a ser el mayor WTF? televisivo de la próxima temporada. Por si esto no fuera poco produce el hombre detrás de Gossip Girl. Muchas risas.

- Oil (ABC): Dallas versión norte de Estados Unidos. Una ciudad nacida de la nada dónde reina el caos, un macro-millonario, un protagonista ambicioso, muerte, sexo y destrucción. Muchas risas 2.

- Of Kings and Prophets (ABC): Sí, ABC tiene las series más interesantes pero también las más surrealistas. Los guionistas de ese fracaso que fue Exodus (Scott, 2014) adaptan la historia bíblica de David añadiéndole cochineo, violencia de andar por casa y gente guapa. Si Dios existiera mandaría las plagas de Egipto a ese rodaje. Muchas risas 3.

- Crazy Ex – Girlfriend (CW): Una comedia musical sobre una mujer que deja toda su vida en Nueva York, por perseguir cual lunática a un tío que la dejó hace 10 años, y que se ha mudado a California. ¿Nadie en CW se ha dado cuenta de lo vomitivamente machista que es la premisa? Terrible. Cero risas.

BONUS TRACK 2: Todo lo demás es más de lo mismo
Hay tantas que no sé por dónde empezar. Si por los superhéroes de CBS (Supergirl) o CW (DC's Legends of Tomorrow), por las adaptaciones fantásticas de FOX (Minority Report, Lucifer…), los plagios de Grey’s Anatomy (Code Black, Heartbraker), las comedias que huelen a naftalina (Grandfathered, People are talking, Uncle Buck...), o las mil series detectivescas/policiales/criminales con protagonista “especial” (Rosewood, Limitless, Blindspot, The Player…). Pero sí sé por dónde acabar: no, gracias. Dicho lo cual, obviamente me estoy basando en tráilers, sinopsis y nombres de actores y creadores, quizás cuando se vean acabe enganchado a series que ahora mismo me tienen una pinta horrible y deseche otras que creo que me pueden interesar. 

miércoles, 13 de mayo de 2015

Los engranajes de la mente y del poder

THE GOOD WIFE - Sexta temporada


¡Spoilers sueltos!

Ha terminado la sexta temporada de The Good Wife, uno de los dramas más fascinantes y complejos del último lustro televisivo. Con la ansiada renovación garantizada por CBS para un séptimo año que empieza a oler a que será el último, es hora de hincarle el diente a la sexta entrega de la historia de Alicia Florick (Julianna Margulies, la mejor actriz de la televisión), escrita por el matrimonio King, los guionistas más incisivos e inteligentes de la televisión actual. En mi humilde opinión, claro.

The Good Wife siempre giró en torno al poder. Desde sus inicios tuvimos equilibrios de poder dentro de los bufetes y refriegas políticas. Sin embargo, esta temporada ha sido la que más se ha aproximado al mismo, radiografiándolo y vomitándonos una imagen del poder que da mucho miedo. El poder en su dimensión más abrasiva. El viaje de empoderamiento personal de Alicia desde ser la buena esposa, madre amantísima, dueña de su hogar, a presentarse para Fiscal del Estado, ha sido apasionante, y algo más importante que eso, consecuente y lógico. Alicia Florick no dejó de ser la buena esposa de un día para otro, si no que se zambulló en las aguas del poder poco a poco. Dejándose mecer por las mismas. Sin embargo, llegados al punto clave, su asalto a un cargo público, se desmoronó por un crimen, amañar las elecciones, que no había cometido. Alicia Florick, como tantos otros ciudadanos con buenas intenciones chocó contra un muro que separa, en nuestras democracias representativas, a la ciudadanía de sus instituciones. Un muro llamado El Partido. Los intereses de Alicia y de los ciudadanos que la votaron, cayeron ante los intereses del Partido Demócrata por encubrir el amaño masivo de las elecciones legislativas, usando a Florick como carnaza para las hienas, a modo de distracción y encubrimiento.

Por ello, y por el terrible arranque de temporada, en el que nos zambulleron en el via crucis judicial de Cary Agos (Matt Czuchry nunca estuvo mejor), esta temporada de The Good Wife ha sido, posiblemente, la más oscura de todas. Si la anterior fue la más triste y desoladora en el plano sentimental, ésta lo ha sido en el plano profesional, en una Alicia Florick sufrió el dolor de sentirse sola, del amor perdido, y en la otra ha sufrido como personaje público, como ciudadana que pretendía cambiar las cosas, y como mujer ambiciosa que pretendía alcanzar mayores cotas de poder. Tanto el sufrimiento ligado a la pérdida de un ser querido, como la violencia con la que están plagadas las relaciones de dominación, son cuestiones que se escapan a nuestro control. Nos mantenemos en un equilibrio cada vez más imposible en las manos del azar y del sistema. Poca esperanza nos ofrece The Good Wife. Muy poca. Y aún así la season finale, Wanna Partner? (6x22), nos recuerda una idea-fuerza muy de los King: aún cuando parece que no hay salida, siempre se abre una puerta. ¿Louis Canning (Michael J. Fox) es el futuro de Alicia Florick para mantenerse en pie un día más, para luchar un día más? Quizás sí, quizás no, pero lo importante es que aunque ya no esté Will y aunque le hayan robado su cargo de Fiscal del Estado, siempre hay una salida. Una nueva oportunidad.

Un último chupito con Kalinda

Más allá de este doloroso cuadro que están pintando los King sobre cómo funciona el poder, cómo son sus mecanismos, sus engranajes, sus puntos ciegos, cómo se articula, cómo nos manipula en nuestra vida diaria. Más allá de todo ello, que desde luego no es poco, están contándonos el recorrido vital de una persona, Alicia Florick, y cómo ella reacciona ante los acontecimientos que van sacudiendo su vida. Además de una amplia reflexión sobre el poder, The Good Wife se ha convertido en un estudio sobre la mente humana. ¿Por qué hacemos lo qué hacemos? Nadie escribe, hoy por hoy, en televisión, con la sutileza y capacidad de aproximación a nuestra psique que exhiben Michelle y Robert King. Nadie. Tampoco nadie bucea en el pasado como ellos. Ni muchos menos interrelaciona tan bien nuestros pensamientos con nuestros recuerdos. Mind’s Eye (6x14) fue un capítulo muy polémico, sin embargo, a mí me pareció un ejercicio narrativo apasionante. Ese viaje a la tumultuosa cabeza de Alicia Florick fue toda una exhibición de escritura. Pero más allá de ese episodio, The Good Wife ha estado jugando toda la temporada con los pensamientos de Alicia, como por ejemplo en el penúltimo capútuo, Don’t Fail (6x21), en el que Alicia se confrontaba mentalmente con su yo del pasado, con la Buena Esposa.

Es precisamente ese retrato psicológico tan hondo que realiza esta ficción sobre sus personajes el que permite que los dilemas morales-éticos-ideológicos-personales a los que estos se enfrentan sean tan ricos. The Good Wife ha descuidado los casos este año, es algo tan evidente que no creo que nadie vaya a negarlo. Sin embargo, los dilemas han seguido ahí. Sobre todo en la recta final con la introducción del republicano hiper-millonario interpretado por Oliver Platt y que mantuvo apasionantes enfrentamientos con Diane Lockhart (Christine Baranski, esa diosa). A veces, cuando nos enfrentamos a un tema peliagudo, nos traicionamos a nosotros mismos, o más bien, una esfera de nuestra mente piensa una cosa, y otra, la contraria. Y de ese dilema interno surge nuestra postura para lidiar con los dilemas externos. A pesar de lo dura que ha sido la temporada, The Good Wife sigue siendo una serie que cree en el ser humano. Dije antes que poca esperanza nos ofrecía la serie este año, pues quizás me equivoqué, quizás que Alicia Florick siga en pie y dispuesta a dar guerra es la mayor de las esperanzas. Otra temporada soberbia más. Gracias por todo Kings. 

Sobre esta temporada de The Good Wife:


martes, 12 de mayo de 2015

Las últimas 10 ganadoras de la Palma de Oro (2005-2014)

10. Lung Boonmee raluek chat (Apichatpong Weerasethakul, 2010)
El Tío Boonmee es la ganadora de la Palma de Oro con peor nota en Filmaffinity, de toda la historia. No lo digo como indicativo de su calidad. Sino para que nos hagamos una idea de lo críptica e inaccesible que es. El film describe el mágico recorrido de su protagonista hacia la muerte. Los fantasmas del pasado y la excéntrica jungla se apoderan de la pantalla, y la película se hace muy lenta, pero, a veces, también muy hipnótica. Cannes no suele premiar con la Palma de Oro a un cine tan extremo y experimental como el de Weerasethakul, pero en una de las ediciones más mediocres de la última década, se terminó imponiendo. Más allá de que me guste más o menos, no está mal reconocer de vez en cuando la osadía de aquellos directores que llevan al cine a nuevos terrenos, aunque estos sean farragosos, como en este caso. Aún así, un lustro después, parece claro que la opción lógica hubiera sido Poetry de Lee Chang-dong. Y yo se la hubiera dado a Copie Conforme de Abbas Kiarostami. El año de los cineastas asiáticos. ¿Volverá a serlo 2015? Es muy probable.

9. L’Enfant (Jean-Pierre y Luc Dardenne, 2005)
Hasta el año pasado, con Deux jours, une nuit, jamás había conectado con el cine de los Dardenne. Lo reconozco. Y L’Enfant no es una excepción. En mi defensa, o en la de ellos, no lo sé, diré que la vi siendo un adolescente y que yo no estaba preparado para una propuesta tan seca como ésta. Un paseo cámara al hombro por la miseria de nuestras ciudades y por el terrible azar que siembra de caos nuestra vida cotidiana. Quizás en aquella edición Cannes dejó escapar la ocasión perfecta para darle la Palma de Oro a David Cronenberg, por A history of Violence.

8. The Wind that Shakes the Barley (Ken Loach, 2006)
Un año después, en cambio, sí que triunfó en Cannes otro asiduo del festival, el veterano Ken Loach, con un viaje a la Irlanda de principios del S.XX para bucear por las entrañas del conflicto norirlandés. No es la mejor película de Ken Loach, ni siquiera es su mejor película sobre ese conflicto (Hidden Agenda es un film muy superior), pero no seré yo el que critique esta Palma de Oro. Eso sí, las españolas El laberinto del fauno y Volver son películas muy superiores. Otro año en que Almodóvar rozó el premio gordo y se tuvo que conformar con pedreas (guion y actriz para todo su reparto).

7. Entre les murs (Laurent Cantet, 2008)
Cannes siempre es acusado de chovinista por dar demasiada relevancia al cine francés. Si bien esto es cierto en cuanto a la selección, no lo es tanto en cuanto al palmarés. Entre les murs puso fin a un largo periodo de 21 años en el que la Palma de Oro no se quedaba en casa, cogiendo el testigo de Sous le Soleil de Satan de Maurice Pielat, que la había ganado un año antes de que yo naciera, en 1987. Más allá de este hecho, Entre les murs es una de esas películas a las que muchos le colgamos el adjetivo de “necesaria”. Una mirada valiente y enérgica al sistema educativo y sobre todo al abandono en el que están sumidos los suburbios franceses. Una victoria incontestable, aunque si yo hubiera presidido el jurado hubiera ganado el documental animado Waltz with Bashir, del israelí Ari Folman.

6. Kis uykusu (Nuri Bilge Ceylan, 2014)
Ceylan había rozado la Palma en varias ocasiones y el año pasado, tras verse Winter Sleep, se convirtió en el ganador inevitable. Su retrato de una familia atrapada en su hotel durante un largo invierno en el que se destrozan emocionalmente los unos a los otros es un film soberbio. Una de esas películas que se engrandecen con el tiempo, cuando olvidas el dolor de espalda de estar sentado durante más de 3 horas y sólo recuerdas los diálogos que se clavan como puñales y las miradas llenas de frustración y tristeza. Dicho lo cual, yo le hubiera dado la Palma de Oro a Xavier Dolan por Mommy, porque es la película que más me gustó del Cannes del año pasado y por lo que significa, por el valor simbólico de reconocer el talento de mi generación, esta generación a la deriva.

5. 4 luni, 3 saptamini si 2 zile (Cristian Mungiu, 2007)
Con este film el Nuevo Cine Rumano alcanzó su techo, tanto en términos de calidad como en términos de reconocimiento internacional, gracias a esta justísima Palma de Oro. La película de Mungiu retrata la odisea de abortar en los estertores de la Rumanía de Ceaușescu. Angustiosa y aterradora a partes iguales. Quizás yo hubiera votado a Zodiac, porque David Fincher es David Fincher, pero no estoy del todo seguro de ello. Fue un gran año aquel.

4. Amour (Michael Haneke, 2012)
Pocas presentaciones necesita Amour, una de las Palmas de Oro que más aceptación y menos controversia ha generado en la última década. La segunda victoria de Michael Haneke en menos de un lustro, contaba como un hombre se enfrentaba solo a la enfermedad de su mujer, y como en el proceso, los dos se iban partiendo en mil pedazos. Triste, dura, implacable y aún así tierna. Quién más y quién menos ha visto cómo un ser querido se ha ido consumiendo hasta no ser más que la sombra de lo que un día fue. No podía ganar otra película.

3. Das weisse Band (Michael Haneke, 2009)
Antes de vencer con Amour, Michael Haneke había logrado por fin la Palma de Oro gracias a su terrible La cinta blanca, ambientada en un pueblo alemán antes del estallido de la Gran Guerra. Dicha película diseccionaba las raíces del nazismo y nos las echaba a la cara a través de las escalofriantes historias de ese pueblo, protagonizadas por personas enfermas, carcomidas por el odio y la frustración. Rodada en un durísimo blanco y negro que helaba la sangre, estamos ante una película descomunal. Se impuso a películas tan interesantes como Un prophète de Audiard o Inglorious Basterdes de Tarantino.

2. The Tree of Life (Terrence Malick, 2011)
Y Terrence Malick se apoderó de Cannes. The Tree of Life es la Palma de Oro que más pasiones ha levantado en la última década. Ya sea para bien o para mal. En mi caso, para muy bien. Es una película que me impactó y maravilló muchísimo. Me parece que Malick firma un retrato de la infancia y de la paternidad a la vez precioso y desolador. Fue aquel un gran año para el cine de habla inglesa en Cannes, con films como Drive de Winding Refn, Melancholia de von Trier o We need to talk about Kevin de Ramsay. Este año podríamos estar ante un festival similar.

1. La vie d’Adèle (Abdellatif Kechiche, 2013)
Si Entre les murs cerró dos décadas de sequía para Francia en Cannes, abrió también una época de éxitos, porque desde su victoria otros dos films galos han logrado la Palma de Oro, el primero Amour, el segundo, al año siguiente, La vie d’Adèle. Casi todas las victorias de las que hemos hablado hasta ahora se podían haber aventurado antes del inicio del festival. Por el prestigio de sus directores, por la temática de los films o por la deuda que el festival pudiera tener con dichos cineastas. Sin embargo, La vie d’Adèle no era una película a tener en cuenta antes de que se viera en la Croisette y enamorara a la totalidad de los críticos. Paradójicamente, la victoria de Kechiche terminó siendo una de las más evidentes de la década. La adaptación de una novela gráfica sobre el descubrimiento del amor y el sexo de una adolescente con otra mujer, rodada por un director muy poco conocido fuera de Francia, se convirtió en una película preciosa sobre los sentimientos, la frustración, la soledad y la pasión. Una obra magna. Por eso ganó en Cannes frente a films de cineastas más consagrados como Sorrentino, Fahardi, los Coen, Payne, Kore-eda, Polanski o Zhang Ke. Simplemente porque fue la mejor.

jueves, 7 de mayo de 2015

19 películas en busca de la Palma de Oro (2015)

CANNES 2015

Como ya hice el año pasado, he aquí un repaso a las 19 películas que pelearán por la Palma de Oro este año. A priori, este certamen tiene muy buena pinta. Pero incluso en un año malo, Cannes muestra muchas de las mejores obras del año cinematográfico. El año pasado dije que Ceylan era un claro candidato a la victoria y acerté. Obviamente las apreciaciones que pueda hacer en ese sentido se basan únicamente en las breves sinopsis de los films y sobre todo en el prestigio de sus directores. Apostar sobre premios cuando aún nadie ha visto las películas que aspiran a los mismos es muy osado. Así que, ante todo, perdón por mi osadía. Partiendo de esa base, me encantaría una victoria de Haynes, Sorrentino o Lanthimos, pero los cineastas asiáticos serán una competencia muy dura. He dividido los films en tres grupos, y clasificado las películas, según las ganas que tengo de verlas, de forma interna en orden descendente, y he coloreado en verde los 10 films a los que más ganas tengo este año. Será gracioso ver, a posteriori, lo muy desnortado que tengo el olfato. Por ejemplo, el año pasado, no estaban en mi top 10 de expectativas ni Ceylan, ni Szifrón,ni Zvyagintsev, y sin embargo sus películas fueron tres de los films que más me gustaron en 2014.

Autores no anglófonos que hablan en inglés


Youth de Paolo Sorrentino
The Lobster de Yorgos Lanthimos
Louder than Bombs de Joachim Trier
Cronic de Michel Franco
Il Racconto dei Racconti de Matteo Garrone

9 de las 19 películas a concurso en la Sección Oficial de Cannes son de habla inglesa, lo cual es bastante inusual en Cannes, la meca del cine de autor internacional. Sin embargo sólo 5 de las 9 películas habladas en inglés son netamente estadounidenses o británicas. No es que Cannes haya virado hacia Hollywood, sino que cuatro de los autores más interesantes del cine europeo han dejado de lado sus lenguas maternas y se han pasado al inglés y a los repartos internacionales. Hablamos de los italianos Matteo Garrone y Paolo Sorrentino, el griego Yorgos Lanthimos y el noruego Joachim Trier. A ellos se une el mexicano Michel Franco, que ha rodado su primera película en Estados Unidos.

Mateo Garrone estrena su tercera película consecutiva en Cannes tras haber rozado la Palma de Oro en las dos ocasiones anteriores. Tanto con Gomorra, la descarnada adaptación del libro de Saviano, como con Reality, una sátira sobre la telerrealidad, logró el Gran Premio del Jurado, el premio más prestigioso del palmarés tras la Palma. Ello debería convertirlo en un candidato muy sólido a la victoria final, sin embargo la película que presenta este año, Il racconto dei racconti (The Tale of Tales), es una cinta de corte fantástico sobre tres reinos ambientados en el Barroco. Un género y una historia que no pegan nada en Cannes, habrá que ver que sale de todo ello, los cuentos son terreno peligroso.

Más asiduo aún que Garrone a la Croisette, es su compatriota Paolo Sorrentino, que presenta su sexto film consecutivo en Sección Oficial. Ahí es nada. Sin embargo, al contrario que Garrone, los jurados no han sido muy generosos con él hasta el momento. Sólo Il Divo logró colarse en el palmarés ganando el Premio del Jurado. Tras irse La grande bellezza de vacío hace 2 años (dicen las malas lenguas que Spielberg, presidente del jurado, la boicoteó), a pesar de ser una de las grandes películas del festival, la deuda con Sorrentino empieza a clamar al cielo. Por eso La giovinezza (Youth) es una de las películas más esperadas de este año y también una clara favorita, a priori, a la Palma de Oro. Protagonizada por Michael Caine y Harvey Katel, narra el encuentro en un hotel de los Alpes entre dos amigos, un director de orquesta y un director de cine, que enfilan la recta que los conduce hacia la vejez. Como si el Gep Gambardella de La grande bellezza tuviera 15 años más. Particularmente me muero de ganas por verla.

El terrible, brillante y excéntrico Giorgos Lanthimos, regresa a Cannes tras vencer en Un certain regard en 2009 con su soberbia Kynodontas, para estrenarse en Sección Oficial con The Lobster, la particular visión de Lanthimos sobre el amor y la soledad, sobre cómo se forman las parejas y sobre el asfixiante miedo a quedarse solo. En el reparto están actores de la talla de Rachel Weisz (que también participa en la película de Sorrentino), Colin Farrell, Ben Whishaw, Olivia Colman o John C. Reilly. Otra de las películas que más me apetecen de este Cannes. El autor europeo más desconocido de los cuatro que he metido en este grupo es el noruego Joachim Trier, que al igual que Lanthimos se estrena en la Sección Oficial, tras haber presentado en Un certain regard su film anterior, la preciosa y triste Oslo, 31. August. Su tercer film, tras Oslo y la sensacional Reprise, se titula Louder than bombs, y tiene como protagonista a una fotógrafa de guerra. Un cambio en su carrera bastante drástico, pasando del retrato de Oslo como una ciudad bañada en melancolía a una historia más ambiciosa y con un reparto internacional en el que están Isabelle Huppert, Jesse Eisenberg, Gabriel Byrne, David Strathairn o Amy Ryan.

Cierra este bloque el mexicano Michel Franco, que presentará Cronic, la historia de un enfermero interpretado por Tim Roth que cuida de pacientes terminales. Franco se dio a conocer internacionalmente en 2012, cuando logró el máximo galardón en la sección Un certain regard del festival gracias al drama Después de Lucía. El trasvase de Franco al cine estadounidense confirma el creciente peso de los directores mexicanos en dicha cinematografía.

Los anglófonos de pura cepa


Carol de Todd Haynes
The Sea of Trees de Gus Van Sant
Sicario de Denis Villeneuve
Macbeth de Justin Kurzel

Más allá del cine de autor internacional, que tiene en Cannes su principal escaparate a nivel mundial, Hollywood, o más bien, su periferia, presenta en el festival todos los años algunas de sus películas más interesantes. En esta ocasión desembarcan en la Costa Azul cuatro de los films llamados a luchar por los premios de cine estadounidense, dirigidos por los consagrados Gus Van Sant, Denis Villeneuve y Todd Haynes, y el semi-desconocido Justin Kurzel.

Sólo 2 de los directores que compiten por la Palma de Oro la han ganado con anterioridad, y uno de ellos es el estadounidense Gus Van Sant, que en 2003 se impuso en Cannes gracias a la escalofriante y aséptica Elephant. Regresa a la Sección Oficial, tras estar ausente desde 2007 (Paranoid Park), aunque en 2011 participara con Restless en Un certain regard. Y lo hace con el actor de moda, Matthew McConaughey de protagonista, en una historia sobre dos hombres que se encuentran en el bosque del suicidio. The sea of the trees promete lirismo e intimismo. A priori me apetece muchísimo, habrá que ver, porque Van Sant es, ante todo, un cineasta muy irregular. En cambio, la presentación de Sicario supondrá la primera participación del canadiense Denis Villeneuve en Cannes. Tras impactarnos y destrozarnos con Incendies en 2010, y convertirse en uno de los autores más relevantes del panorama actual en 2013 con Prisoners y Enemy, Villeneuve salta al mundo del narcotráfico en la peligrosa frontera entre Estados Unidos y México. Hay mucha expectación por ver su Sicario. El reparto lo encabezan Emily Blunt, Benicio del Toro y Josh Brolin.

De todos los autores del queer cinema que sacudió el cine indie americano a principios de los 90, el que ha logrado cimentar una carrera sólida, más allá de esa corriente ha sido sin duda alguna Todd Haynes. Y lo ha hecho convirtiéndose en el Douglas Sirk del S.XXI, el gran autor del melodrama audiovisual. Tras Far from heaven y Mildred Pierce, regresa a ese género con Carol, adaptación de una novela de Patricia Highsmith sobre un romance lésbico en los USA de los años 50. Lideran el reparto Cate Blanchett, Rooney Mara y Sarah Paulson. La fotografía corre a cargo de Edward Lachman y la música es de Carter Burwell. Llevo más de un año queriendo ver esta películaCierra el grupo Justin Kurzel, que se ha puesto al frente de una nueva adaptación de Macbeth. Más allá de que estamos ante una de las grandes historias literarias de todos los tiempos, el gran atractivo de este film reside en sus dos protagonistas, Marion Cotillard y Michael Fassbender, dos de los mejores intérpretes del cine actual.

La armada francesa


Dheepan de Jacques Audiard
Marguerite et Julien de Valérie Donzelli
Mon Roi de Maïwenn
Valley of love de Guillaume Nicloux
La Loi Du Marché de Stéphane Brizé

El cine francés siempre está sobrerrepresentado en Cannes, es normal, es el país del chovinismo, y al fin y al cabo el festival es el gran escaparate de su cine de autor, al igual que Donostia es el nuestro. Sin embargo este año se ha criticado más de lo habitual la gran cantidad de filmes franceses en Sección Oficial. Además de estos 5, la película inagural (La tête haute) también es francesa.

En The Valley of love, Gerdad Depardieu e Isabel Huppert (me hace muy feliz que esté trabajando tanto) persiguen la sombra de su hijo fallecido hasta el valle de la muerte, en Estados Unidos. Cabe suponer que en ese valle no encontrarán a su hijo, que los ha citado allí post-mortem, sino que se encontrarán a sí mismos, y sobre todo, el uno al otro. A pesar de tener casi una decena de películas a sus espaldas, esta es la primera vez que Guillaume Nicloux participa en Cannes. Otro director francés que se estrena en Cannes este año es Stéphane Brizé, con La loi du marché, una historia ambientada en la crisis económica y con la amenaza del paro y las condiciones laborales como puntos de conflicto. Tendrá que ser muy buena para estar a la altura de Deux jours, une nuit, de los hermanos Dardenne. Y la tercera cineasta francesa que es una novata en la Sección Oficial es Valérie Donzelli, que se situó en el panorama internacional gracias a la tierna pero dura, La guerre est déclarée (2011). Lleva a Cannes Marguerite et Julien, un drama romántico sobre dos amantes imposibles perseguidos por la sociedad. Esperemos que logre la consagración como una de las directoras más interesantes del cine francés actual.

Al contrario que los tres cineastas anteriores, Maïwenn ya ha competido en Cannes antes, con Polisse, que en 2011 ganó el Premio del Jurado. En su segunda participación presentará Mon roi, otra historia de amor pasional y tortuoso, protagonizada por Vincent Cassel y Emmanuelle Bercot. El último director francés en competición, y el más ilustre de todos ellos, es Jacques Audiard, Dheepan es su tercera participación consecutiva, tras quedarse a las puertas de la Palma de Oro en 2009 con Un prophète, con la que ganó el Gran Premio del Jurado, e irse de vacío en 2012 con De rouille et d’os. Dheepan estará centrada en un refugiado de Sri-Lanka y adaptará libremente las Cartas Persas de Montesquieu. Este combo promete mucho. Además Audiard es de esos autores que hagan lo que hagan, siempre resulta interesante. A priori, es uno de los cineastas mejor situados en la lucha por la Palma.


Asia y el resto del mundo


Umimachi Diary de Hirozaku Kore-eda
Mia Madre de Nanni Moretti
Shan He Gu Ren de Jia Zhang-Ke
Saul Fia de László Némes
Nie Yinniang (The Assasin) de Hou Hsiao Hsien

Tras contar con una presencia bastante discreta el año pasado, el cine asiático recupera peso en la Sección Oficial de Cannes con tres de sus principales autores de las últimas décadas: el chino Jia Zhang-Ke, el taiwanés Hou Hsiao Hsien y el japonés Hirozaku Kore-eda (sin contar con que en Un certain regard hay cineastas del nivel de Kawase, Weerasethakul o Mendoza).  Completan la Sección Oficial, el tercer autor italiano a concurso, Nanni Moretti, y el húngaro Laszlo Nemes.

Jia Zhang-Ke vuelve a la Sección Oficial de Cannes por cuarta vez, tras lograr con su anterior film, Tian zhu ding (A Touch of Sin), el premio al mejor guion en 2013. En esta ocasión presenta Shan he gu ren (Mountains May Depart), un film ambientado en un futuro próximo, del que poco se sabe hasta el momento. Por su parte, Hsiao Hsien presentará Nie yin niang (The Assassin), una historia de artes marciales con elementos mágicos que se aleja bastante de su cine habitual. En tercer lugar, el cineasta japonés más interesante de la actualidad, Hirozaku Kore-eda, regresa a la Costa Azul tras lograr el Premio del Jurado con su anterior film, Like father, Like son (2013). Su nueva película, Umimachi Diary, se centrará en la vida de tres hermanas, que conocen a su hermanastra adolescente en el funeral de su padre. Nadie retrata tan bien la infancia como Kore-eda, y muy pocos desprenden su humanismo. Una de las películas que más me interesan, a priori, de este certamen.

El otro cineasta, además de Van Sant, que compite este año y que ya tiene una Palma de Oro en su haber es Nanni Moretti, cineasta habitual del festival, que venció en el 2001 con La stanza del figlio. Este año Moretti estrenará Mia madre, un drama familiar, el género que mejor resultados le ha dado hasta el momento. Por su parte, el húngaro Laszlo Nemes se estrena como director compitiendo en la Sección Oficial de Cannes, ni más ni menos. Su film, Saul fia (Son of Saul), debe ser muy interesante, para haber sido seleccionado. La película se centra en un prisionero de Auschwitz, que se encarga de quemar los cadáveres de sus compañeros en el campo de concentración.

miércoles, 6 de mayo de 2015

La sitcom trágica con chistes de tetas

MOM - Segunda temporada



Una de las sorpresas más agradables de esta temporada televisiva que está pegando sus últimos coletazos, no ha sido un estreno, sino el segundo año de una ficción de la que a priori, no había mucho que esperar, Mom, la enésima sitcom producida por la maquinaria de Chuck Lorre. Pues bien, ahora que ya se ha despedido hasta septiembre, me atrevo a decir que Mom ha sido una de las mejores sitcoms de este curso. Sólo por detrás de la despedida de Parks and Recreation, la sensacional tercera entrega de The Mindy Project, una Brooklyn 99 que ha ido de más a menos y, quizás, una alicaída Modern Family. Vamos, que forma parte de mi quinteto de comedias de las networks este año. Jamás hubiera dicho esto a principios de septiembre de 2014.

Para empezar hay que señalar que Mom no es una serie que yo recomiende. De hecho, evito premeditadamente recomendarla, y cuando mis amigos me preguntan, al ver mi entusiasmo, si deberían verla o no, voy con pies de plomo y me cubro las espaldas, diciéndoles que si la ven es bajo su propia responsabilidad. Porque no, Mom no es una serie para todos los públicos. Básicamente porque aunque a mí me hacen gracia sus chistes de pollas y drogas, entiendo que tiene un humor bastante básico y un empaque formal muy cutre que pueden echar atrás a gran parte de sus espectadores potenciales. Mom, a pesar de todas las cosas buenas que diré de ella a continuación, no deja de estar producida bajo los postulados del lorrerismo (concepto): chistes fáciles, puesta en escena de baratillo. No es una serie que maneje un humor inteligente, que sea muy meta y referencial, o que tenga unos sketches muy elaborados. Y sin embargo, funciona. Es más, y sin embargo, es una serie interesante. ¿Por qué?

En primer lugar, porque combina comedia y drama con una sutileza (paradójicamente) brillante. De una frase a otra es capaz de saltar de un retrato descarnado de la maternidad o de la pérdida de un ser querido, a un chiste sobre strippers. Y ese proceso, que podría resultar muy forzado, resultar ser muy natural. Logra sacarte una risa en la aflicción y una mueca en la carcajada.

En segundo lugar, porque Mom está llevando a la sitcom a un nuevo territorio, el de la sitcom trágica. Las sitcoms siempre han manejado la inclusión de elementos dramáticos. Ahí están, por ejemplo, ciertas muertes en HIMYM o 30 Rock, o las últimas temporadas de Parks and Rec y, sobre todo, The Office. Sin embargo, más que elementos emocionales, lo que incluye Mom son disrupciones dramáticas, rupturas salvajes del relato,navajazos sentimentales. Personas que mueren, mujeres que son detenidas, hijos que reniegan de sus madres, adicciones, inestabilidad emocional, traumas del pasado y un largo etc. Mom es una montaña rusa en la que sus protagonistas siempre acaban vomitando al bajarse de cada trayecto. Y sorprendentemente que su humor sea tan burro, ayuda a que el efecto de las tramas dramáticas sea tan poderoso. ¿Cómo una serie puede ser tan bestia y a la vez tan sensible?


En tercer lugar, sus actrices. Mom es una serie sólida porque descansa sobre los hombros de una comedianta con un punch cómico fabuloso como Anna Faris, y una de las mejores actrices del mundo. Así de claro lo digo. Allison Janney ya se ha pasado la televisión, como quién se pasa el Mario Bros. Ya juega en otra liga, en esa a la que sólo acceden los intérpretes que son capaces de hacer, de forma magristral, cualquier papel por grande, pequeño, interesante o absurdo que sea. Cabe esperar que revalide su Emmy este año. Básicamente porque le llegan 2 minutos dramáticos (mezclados con un chiste sobre su patetismo) para dar un golpe sobre la mesa.

Aunque esto ya era así el año pasado, este año ambas han estado aún mejor. Y han tenido la suerte de verse acompañadas por la fantástica galería de personajes femeninos de la reunión de Alcohólicos Anónimos. Los hijos, lo compañeros de trabajo y el ex – marido se han ido diluyendo con el paso de la temporada y perdiendo peso a favor del coro de mujeres adictas. Todo un acierto, porque los mejores momentos cómicos vienen de ahí, y los dramáticos suelen tener su culmen en sus reuniones o en los cara a cara entre Faris y Janney. Brutales, hirientes, sensibles y divertidos.


He intentado repasar el progreso de Mom sin entrar en spoilers, por si alguien se anima a subirse al carro. Obviamente, los mejores capítulos de la temporada han pivotado sobre dos acontecimientos dramáticos muy poderosos, sobre todo el primero de ellos. Muchos acabamos con la boca abierta en ambos casos. Mom, además de tener algunos diálogos demoledores sobre lo que es estar perdido en la vida, y lo que es peor, haberlo estado siempre, tiene secuencias de una dureza terrible. De verdad, si entras de lleno y le perdonas su lorrerismo, la disfrutarás. Es graciosa y es triste. Una serie que la sitcom americana necesitaba, sin duda alguna.

domingo, 3 de mayo de 2015

Las 50 películas de mi vida (y II)

The Bridges of Madison County (Clint Eastwood, 1995)
Nunca Meryl Streep me ha impactado tanto. Jamás. Ella y Eastwood dibujan uno de los retratos femeninos más salvajes que he visto jamás. Para mí es el drama romántico definitivo. Una película sobre la impotencia de hacer lo que deseas, de tener la vida que anhelas, de amar a la persona que te revuelve las entrañas.


Citizen Kane (Orson Welles, 1941)
Pasará el tiempo y Citizen Kane seguirá siendo una película de referencia. Puede resultar una historia fría. Posiblemente lo sea. Pero es un film tan enorme en todos y cada uno de sus aspectos, tan trascendental, tan relevante, que siempre volveremos a ella. Yo por lo menos. Es una película inagotable. El cine era (y siempre será) esto. Arte combativo concebido para trascender.



Kill Bill Vol. 1 & 2 (Quentin Tarantino, 2003-2004)
Jamás he hecho una sola lista sin colar alguna trampa. En esta ocasión, considerar a las dos partes de Kill Bill una única película. No puedo elegir entre ellas. Me gusta más el Vol. 2 porque conecto emocionalmente con ella, pero he visto más veces el Vol. 1 porque es quizás la película más entretenida que he visto jamás. Como a muchos otros chicos (bueno, más bien hombres) de mi generación (y de la siguiente), me encanta Tarantino. En la era de lo metarreferencial, Taratino tenía que ser un cineasta de culto, por no decir El cineasta de culto. Todas sus películas me gustan mucho. Lo lógico sería que Pulp Fiction estuviera en esta lista. O quizás Reservoir Dogs. Pero siendo sinceros me gustan más las Kill Bill. Las podría ver una vez al mes durante toda mi vida. Todas sus secuencias son perfectas. Todas son divertidas, inteligentes, están medidas al milímetro. Y luego está Uma Thurman. La Novia es la mejor mujer de acción que haya visto jamás.

Star Wars. Episode V: The Empire Strikes Back (Irvin Kershner, 1980)
La primera película que recuerdo haber visto en televisión, sin ser en VHS y/o de dibujos animados, fue el Imperio Contraataca (lo cual no quiere decir que hubiera visto otras muchas antes, pero las haya olvidado). Lo recuerdo como si fuera ayer. Estaba en la casa de unos primos de mi padre jugando en una salita que tenían en la planta de arriba. Y de pronto, la tele se cubrió de nieve. Todo era blanco. Dejé los playmobil en el suelo, desamparados, desatendidos, y me senté a ver aquella película embobado. Ahí nació mi amor por Star Wars, mi problema con no empezar nunca las sagas por el principio (de Harry Potter a Millenium), y quizás, a lo mejor, mi amor por el cine en sí mismo. Nunca nada me ha asombrado más en mi vida. Absolutamente nada. Bueno, quizás los monos que le tiraban mierda a la gente en el zoo de Barcelona. Pero sin contarlos a ellos, absolutamente nada. El entretenimiento total. El cine como dispositivo/arte de fascinación total.

Hiroshima Mon Amour (Alain Resnais, 1959)
El arranque de Hiroshima Mon Amour es uno de mis inicios favoritos de una película. Las imágenes de Hiroshima destruida tras la bomba nuclear. Y el diálogo de los torturados amantes. “Tú no has visto nada de Hiroshima. Lo he visto todo. Todo”. Y tras ese comienzo tan redondo, tan sentido, tan precioso, la película estaba condenada a caer. Pero no lo hace. Al contrario, te expone a sus dos protagonistas a tumba abierta. Sin piel. Hasta que termines aprendiendo cómo sangran y por qué sangran. Y al final, Resnais, te hace suyo, como si fueras su amante.

Closer (Miker Nichols, 2004)
Hace mucho tiempo (y muchos visionados) que Closer dejó de ser una película para mí. Es algo más, una experiencia, un ritual, una catarsis periódica en la que me zambullo cada año o cada dos años. ¿Hacia dónde coño estoy yendo? ¿Por qué coño me siento tan solo? ¿Por qué nadie puede quererme? ¿Estoy tan jodidamente roto? Ya he jugado a ser cada uno de los cuatro protagonistas de la película. Me identifique con el que me identifique, siempre acabo sufriendo. Pero en ese sufrimiento logro ver algo de mí que no era capaz de observar con nitidez. Siempre termino la película destrozado, pero un poco menos perdido.

Lost in translation (Sofia Coppola, 2003)
Estuve a punto de poner en esta lista a Virgin Suicides. Que fue una película que en la parte final de mi adolescencia me descubrió (al igual que muchas otras películas) un tal José Luis Garci el lunes 5 de diciembre de 2005. La ópera prima de Sofia Coppola es una película muy importante para mí, de esas que te marcan en una fase vital en la que ya te has asentado emocional (y sexualmente) pero aún sigues formándote, antes de emprender la serie de putadas que implica ser adulto y responsable de tus propias malas decisiones. En su lugar he metido a Lost in translation porque es una de las películas que más me han emocionado y me emocionan en mi vida. Ahora mismo no recuerdo si vi antes una o la otra, pero ambas son dos películas especiales para mí. Por motivos distintos. Lost in translation es la sensibilidad y Virgin Suicides es el extrañamiento. Hasta Her (y sobre todo Louie), Lost in translation era mi retrato favorito de la soledad en la ciudad. Bill Murray jamás ha estado ni estará mejor. Es la cumbre de su carrera. No me voy a atrever a decir lo mismo de Scarlett Johansson, pero lo pienso. Por todo ello soy conocido entre mis amigos por ser un desquiciado defensor de Sofia Coppola. Lo peor es que estoy orgulloso de ello. ¡Quién me iba a decir a mí que iba a terminar pasándome la vida defendiendo a una pobre niña rica!

The Way We Were (Sidney Pollack, 1973)
Las Gilmore decían que no se le podía pedir más a una película. Barbra Streisand, Robert Redford, comunismo… De hecho en un momento muy bajo de Lorelai, en el que es incapaz de salir de la cama de lo deprimida que está, llama a Luke desesperada, deseando arreglar lo suyo, y empieza a contarle The Way We Were. Sin tener el valor que tiene para las Gilmore, a mí también es una película que me encanta. Quizás ésta sea mi vertiente más señora. Pero es que me parece portentoso el dibujo que hace tanto de la situación política en Estados Unidos durante, y sobre todo tras, la II Guerra Mundial, como la descripción de la tormentosa historia de amor entre dos polos opuestos, en lo social, en lo ideológico y en lo afectivo. Con quererse no basta. La vida es mucho más complicada que eso.

The Dark Knight (Christopher Nolan, 2008)
Hola, Christopher Nolan. Más allá de nuestras diferencias, te escribo para darte las gracias por esta película. La he visto muchísimas veces y me sigue encantando. Sin ser yo fan de los superhéroes, más bien todo lo contrario. Es un espectáculo brutal (por no decir brustial). Entre el Joker de Heath Ledger, las secuencias de acción, y el retrato de la ciudad sumida en el caos, la película es una montaña rusa que funciona de principio a fin. A estas alturas, nos guste más o menos el estilo (y los universos) de Nolan, es imposible negar su importancia en el cine de la última década.

Jurassic Park (Steven Spielberg, 1993)
Cuando era pequeño en los felices, inconscientes y demenciales años 90, estaba obsesionado con todo lo que tenía que ver con el espacio (además de con los playmobil, claro). Daba igual que fuera Star Wars o los Power Rangers. El estándar mínimo era 0. Sin embargo, cuando Steven Spielberg rodó Jurassic Park para que le dejaran financiar Schindler’s List, todo en mi infancia comenzó a girar sobre los dinosaurios. Mis primos, que eran los únicos niños con los que me podía relacionar más allá del colegio, estaban completamente obsesionados con la película desde que los llevaron al cine a verla. Yo en cambio aún no había ido nunca al cine, de hecho tendría que esperar un año más, a 1994 para ver mi primera película sentado en la oscuridad de una sala de cine. Dinosaurios asesinos vs. Leones con sentimientos. Sin embargo, el año que transcurrió desde que mis primos vieron el film hasta que se estrenó en VHS (gracias, 90’s) y todos los centros comerciales se llenaran de merchandising lo recuerdo como el año en que viví (en un incontrolable hype) peligrosamente. El hype antes del hype. Y cuando al fin la vi, todo tuvo sentido. Y entonces los dinosaurios desplazaron a Han Solo y al Power Ranger Azul. Hasta llegué a hacer uno de plastilina. Yo. Con mis propias manos. Quizás la mayor hazaña de mi vida. Más allá de que Jurassic Park sea cine de entretenimiento de primera división, ejecutado con una maestría sólo al alcance de un genio del cine de masas como Spielberg, Jurassic Park es la película que descubrió a una generación de niños lo que era sentir miedo y asombro a partes iguales. Y sí, vaya rollo me he echado.

Cat on a Hot Tin Roof (Richard Brooks, 1958)
Elizabeth Taylor es una especialista en devorarse mutuamente con un hombre en pantalla. Aquí se enfrenta a un atormentado Paul Newman. Lanzándose el uno al otro diálogos de Tennessee Williams. Ni más ni menos. He visto muchas veces esta película y no creo que me vaya a cansar jamás de verla. Se te pega al cuerpo, como si estuvieras bañado, al igual que ellos, en sudor y whisky. Es la historia de dos personas frustradas porque no tienen la vida que desearían tener. Y de cómo esa frustración los empuja a devorarse.

Magnolia (Paul Thomas Anderson, 1999)
“Tengo mucho amor para dar, pero no sé dónde colocarlo”. En el mar de aflicción absoluta en el que me sumió Magnolia, el hecho de que llovieran ranas fue insignificante. Es una película desgarradora llena de personajes apaleados por la vida. Gente que lucha por sobrevivir en medio de la ciudad. El micro-género de vidas cruzadas en el espacio urbano, alcanzó aquí su cima (sí, me parece muy superior a la Short Cuts de Altman). Y quizás el cine de Paul Thomas Anderson también. Espero equivocarme. Me sigue encantando Anderson (su Inherent Vice no tanto) pero me gustaba más cuando me hacía sentir desprotegido. Masoquismo audiovisual, supongo.

The Lion King (Rob Minkoff y Roger Allers, 1994)
¡El rey león fue la primera película que vi en el cine! Además es mi película favorita de Disney. La que más veces he visto. La que más me emociona. Con la que más me río. La que tiene la secuencia más brillante (“el asesinato”). Por eso está en esta lista. No hay mucho más que explicar, así compenso lo mucho que me alargué con Jurassic Park.

Mysterious Skin (Gregg Araki, 2004)
Cuando Luis encontró a Joseph. Y se volvió un irracional fanboy. Mysterious Skin es una de las películas más terribles y a la vez más imaginativas, emocionantes, misteriosas y preciosas que he visto. Tiene secuencias asquerosas. Y otras de una sensibilidad hermosa. Bucear en la memoria, en los recuerdos más terroríficos que puede haber en ella, puede terminar por destruirte, pero si no lo haces, si dejas que sigan escondidos en tu interior, envenenándote lentamente, terminarás destruido irremediablemente. Mezclar en una única película sci-fi, drama social, final de la adolescencia, thriller y drama psicológico, implica tener muchos redaños, o ser un kamikaze, o ambas cosas. Por eso esta película sólo la podía dirigir un salvaje como Gregg Araki. Nunca podré ver a los cereales de la misma forma.

Milk (Gus Van Sant, 2008)
Más allá de lo mucho que me gusta Milk (cine político + drama gayer = I’m in), es una película importante por el momento en el que la vi. El cine es una experiencia tan subjetiva que muchas veces que una película te apasione o no, depende del momento vital en el que te encuentres, o simplemente del estado de ánimo. Milk llegó cuando la necesitaba, y me hizo tanto bien… (no, no pude evitarlo)

The Hours (Stephen Daldry, 2002)
Esta película es tan poderosa que la historia que menos me apasiona de las tres que se van solapando es la protagonizada por Virginia Wolf. Pocos personajes me han partido el corazón tanto como el de Julianne Moore, esa mujer atrapada por su presente (hola Brian de Palma). Es difícil lograr conectar, no sólo tres historias en tres momentos históricos diferentes, sino sobre todo conectar emocionalmente a tres mujeres perdidas en sí mismas. No me cansaré nunca de verla.

Oldeuboi – Oldboy (Old Boy) (Park Chan-wook, 2003)
No estaba muy bregado en cine asiático cuando vi Old Boy. Y claro, me impactó. Park Chan-wook es un tipo fascinante. Pocas películas me han entusiasmado  tanto. Tras verla no tenía ojos para nada más. Me gustó tanto que mi usuario en Filmaffinity es Odaesu, el nombre del protagonista. Lo cual es curioso, porque en esta historia sanguinaria de venganza, el personaje que obsesionaba no era él, sino su némesis, ese villano viscoso y frágil llamado Lee. A día de hoy ya no me causa el mismo impacto, pero fue una película muy importante para mí en su momento, y sigo creyendo que es un film mayúsculo.

The Man Who Shot Liberty Valance (John Ford, 1962)
Tenía que haber un western en esta lista, y aunque también pensé en The Searchers y Rio Bravo, la opción lógica siempre fue The Man Who Shot Liberty Valance. Porque además de ser mi western favorito, también es mi película de John Ford favorita. Una historia apasionante sobre el poder de la leyenda. “Sí, es muy joven. Usted sólo conoce la ciudad desde que la cruzó el tren. Era muy diferente entonces, muy diferente señor Scott, muy diferente.”

La pianiste (Michael Haneke, 2001)
Creo que tenía 16 años cuando vi por primera vez La pianiste. Antes había caído en mis manos la terrible Caché. Así que no puedo decir que no iba preparado. Pero ¿se puede ir preparado a una película de Michael Haneke? Fui al videoclub y cogí la cajita de DVD de una estantería. La llevé al mostrador y la dependienta me miró con cara de escepticismo y dijo “¿no te habrás confundido y lo que en realidad quieres alquilar es El pianista?”. Avergonzado dije “no, es ésta, estoy seguro”. Y sí, era esa película. A día hoy me sigue trastornando. La paja interrumpida, el vómito coital, los cristales en la chaqueta, la auto-ablación… Es una de las mayores salvajadas que he visto. Haneke es un salvaje. O el cronista de un tiempo salvaje, de un mundo salvaje.

The Social Network (David Fincher, 2010)
La película que mejor retrata el cambio de década (de los trash 00 a los pesimistas 10) que yo  he visto es The Social Network. Si la tríada Se7en/The Game/Fight Club dibujaba al hombre frente al precipicio del cambio del milenio, esta película pinta una panorámica muy precisa del mundo globalizado e informatizado y del egoísmo y la soledad en los tiempos de las tecnologías de la comunicación. Si en el 99 el hombre estaba perdido en sí mismo, ahora está perdido en el mundo que ha creado. Ah, y el guion lo escribe un tal Aaron Sorkin, claro.

Tom à la ferme (Xavier Dolan, 2013)
Metí esta película a última hora. Teniendo en cuenta que llevo 5 años dando el coñazo con Xavier Dolan me parecía justo. Además ahora que se ha abierto a un público más amplio con Mommy, aprovecho para reivindicar su película más desconocida y quizás también la más complicada de ver, por su tono de pesadilla. Vi Tom à la ferme hace 1 año y algo en Cineuropa. No estaba yo en mi mejor momento emocional, siendo justos. Y entre La herida y esta película, el festival casi me derrumba. Creo que refleja muy bien lo que es tener miedo de uno mismo. O más bien, de nuestros más oscuros deseos. Me llevó al límite entre la cordura y la locura. Y ese final a golpe de Going to a town, que es una de mis canciones favoritas, fue la puntilla. Al salir aturdido del teatro pateé la ciudad mojada en medio de la madrugada. Y en realidad sentí que estaba pateando mi propia vida.

Goodfellas (Martin Scorsese, 1990)
Si yo fuera director aspiraría a dirigir como Scorsese dirigió Goodfellas. Es simple y llanamente una burrada de puesta en escena. ¡Eres un puto enfermo Marty! Dudaba entre Taxi Driver y Goodfellas, pero la mafia es mucha mafia. Admiro tanto a Scorsese que no podía hacer una lista de 50 películas y que no hubiera ninguna suya. No tengo un director favorito pero si lo tuviera Martin Scorsese sería uno de los candidatos seguros al título. Cuando vi Gangs of New York (sí, a mí me gusta, mucho, de hecho) me obsesioné con él, he visto todas sus películas salvo New York, New York y sus documentales. Si The Godfather escala por la cima de la pirámide de poder, Goodfellas bucea en sus sucias alcantarillas. Una de las películas más fascinantes que he visto jamás.

Sen to Chihiro no kamikakushi (Spirited Away) (Hayao Miyazaki, 2001)
Creo que la primera vez que uno ve una película de Ghibli es especial. Yo tuve la suerte (¿?) de que mi primera experiencia con el estudio fue El viaje de Chihiro. Y aún a día de hoy (y sin haberlas visto todas) creo que es la cima del estudio. Y quizás del cine de animación en general. Del arte de idear mundos fantásticos, mágicos, imposibles. Es una de las películas más desbordantemente imaginativas que he visto jamás. Además, un abrazo Ghibli siempre es especial, da igual que sea el de Ponyo, el de Totoro o el de Chihiro.

Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005)
El día en que terminé 2º de Bachillerato fui al videoclub (¡qué tiempos!) y alquilé dos películas. Good night and good luck y Brokeback Mountain. Llegué a casa y vi la segunda. No había absolutamente nadie. Hacia un sol radiante fuera que se colaba a través de la persiana a medio bajar. Y vi la película y me destrozó. Sin más. Simplemente me destrozó. De Brokeback Mountain me gusta todo. Es una película a la que no le falta ni le sobra nada (quizás las pelucas de Anne Hathaway). Es cine clásico en tiempos convulsos. Por eso cuando la gente dice que Eastwood es el último clásico, siempre defiendo que en realidad Ang Lee es el último clásico. Además de un director con un talento visual enorme, es un tipo con una sensibilidad especial. Brokeback Mountain es una película terriblemente triste. Bañada en una melancolía trágica demoledora. A mí me coge por la garganta. Da igual las veces que la vea. Y ese final. ¡Ese final! A veces lo más sencillo es lo más atronador.

The Godfather (Francis Ford Coppola, 1972)
El Padrino es mi película favorita. Bueno, la mía y la de millones de personas. Soy muy poco original. Pero es la verdad. Ninguna película me hace más feliz, ni me apasiona tanto, ni me parece más acojonantemente brillante y redonda. Siempre que la veo me hace sentir como cuando era pequeño y me acostaba el día antes de mi cumpleaños o de Navidad o de Reyes. Con esa ilusión y esa felicidad inusitadas, casi estúpidas. Por eso si algún día tengo nietos me encantaría verla con ellos. Sí, sé que es una película muy violenta, pero, es que es tan maravillosa que necesitaría compartirla con ellos. Aún a precio de destruir sus infancias. Es imprescindible ver El Padrino una vez al año. Si en esta lista no están las otras dos partes de la saga de los Corleone es por mera cuestión de espacio, porque The Godfather II es mi segunda película favorita.